Queque de plátano sin gluten

Cuando tenía siete años todavía no había regulación para las tareas que se daban en las vacaciones de invierno. Yo estaba en segundo básico cuando mi profe Gloria nos dijo que para practicar nuestra caligrafía teníamos que escribir cada día en un pequeño cuaderno (artesanal, hecho por nosotros mismos) algo que hayamos hecho e intentar acompañarlo con un dibujo.
Mis primeros días se parecieron mucho: despertarme, desayunar, ver tele, ayudar a mi mamá, leer algo en voz alta, almorzar, acompañar a mi mamá en algún encargo, pasear, llegar a casa, tomar algo, jugar/ ver a mi papá trabajar/visitar a mis abuelos y tíos que vivían al lado y dormir. Mi yo de siete años estaba conforme y aburrido con la rutina que se mostraba en mi intento de dibujar algo distinto todos los días. Todos los días se veían similares excepto por el color de la ropa.

Un dibujo, casi a la mitad del cuaderno, se distinguía entre los demás. Hay que tomar en cuenta que no soy una buena dibujante y tampoco lo era a mis siete años. En el dibujo había una fila de cuatro o cinco camas con niñas y niños echados en cada una de ellas. Yo estaba en una y al lado estaban mis papás. En el texto decía que ese día me había dolido mucho el estómago y me internaron porque no sabían qué podía ser, no había más síntomas. Llegué ahí en la noche y me mantuvieron todo el día en observación, hasta que me dieron de alta sin ningún diagnóstico.
Ninguno. Nada que explique el dolor.


En el texto decía que me dolía mucho el estómago, pero no había podido haber suficiente énfasis en la palabra mucho. El resto del cuaderno volvió a la rutina y en uno de esos días incluí una visita de una amiga.

Esa vacación de invierno fue el modelo que seguirían los años. Muchos días normales, sin grandes problemas de salud y un día, sin explicación alguna, despertaba con la panza hinchada y en cuestión de minutos (en días malos) u horas (lento y seguro) el dolor se intensificaba. Tuve que irme de clases en el colegio y perder clases en la universidad, cancelar planes y temer en los viajes que el dolor no arruine ningún horario.

Muchos médicos me vieron. Me hicieron exámenes, me metieron tubos, me sacaron líquidos y no hubo un diagnóstico, ninguna explicación más que lo más probable era que mi manera de lidiar con emociones esté en mi sistema digestivo. Esa explicación no me convence del todo, porque no siempre se aplica y porque sonaba a salida fácil para los médicos. Así que inicié mi propio método de prueba y error sobre lo que me hacía sentir bien o mal. Corté muchas cosas de mi dieta, con el único propósito de sentirme mejor o las cambié por otras. Me di cuenta de que había cosas que siempre me causaban dolor.

El queque de plátano era una de las cosas que siempre causaban dolor. No importaba que sea casero o comprado, mi panza lo rechazaba. Es por eso que esta receta es particularmente especial para mí. Gracias a mis experimentos en cocina (y a una versión de este queque que probé en Cusco) sentirme cómoda al saber que estaba comiendo algo que no me causaría malestar alguno. Y que, además, está bien rico.

Queque de plátano sin gluten
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Ingredientes
  1. 165 gr de plátano maduro aplastado (aprox. 2 plátanos y medio)
  2. 1 huevo
  3. 3 cucharas de aceite vegetal
  4. 1/2 taza de leche vegetal
  5. 1 cuchara de vinagre de manzana
  6. 1/4 cucharilla de esencia de vainilla
  7. 55 gr. de azúcar morena (aprox. 1/4 de taza)
  8. 1 1/4 cucharilla de polvo de hornear
  9. 1/2 cucharilla de sal (preferentemente sal rosada)
  10. 1/2 cucharilla de canela molida
  11. 100 gr. mezcla de harina sin gluten
  12. 120 gr. de harina de plátano
Instrucciones
  1. Precalentar el horno a 170˚ C
  2. Mezclar el vinagre de manzana con la leche de soya y dejar reposar unos minutos.
  3. Mezclar los demás ingredientes húmedos en un bol grande. Añadir el azúcar y mezclar bien.
  4. Mezclar los ingredientes secos.
  5. Añadir los ingredientes secos a los húmedos. Mezclar hasta que no haya grumos.
  6. Engrasar el molde.
  7. Vaciar la mezcla al molde.
  8. Hornear por 35 minutos.
Notas
  1. No golpear el molde al vaciar la mezcla, esto quita las burbujas de aire que permiten que el queque sea más esponjoso.
  2. Dejarlo reposar por 30 minutos al sacarlo del horno (o hasta que esté a temperatura ambiente) antes de desmoldarlo.
  3. Guardar en un envase hermético.
  4. Aguanta hasta 5 días.
Entre hojas y semillas http://entrehojasysemillas.com/
Las harinas sin gluten las compro en La Huerta.

La mejor mezcla de harina sin gluten es, definitivamente, la de Bio XXII, que se puede reemplazar 1/1  por la harina de trigo. 

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